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Siempre lista

Por Analine Cedillo

analineFue amor a primera vista, o al menos así recuerdo aquella tarde cuando conocí a las Guías.
Llegué al parque gracias a la invitación de una buena amiga de la primaria y de inmediato me sentí bienvenida en aquel grupo de mujeres de diferentes edades que jugaban juntas.

A partir de entonces, cada sábado me ganaba la emoción y desde muy temprano preparaba el morral con muchísimo empeño: manual, cuaderno, lápices, brújula, cerillos, impermeable y demás. Luego, lo mejor uniformada posible, esperaba a que dieran las cuatro de la tarde para experimentar otro sábado atípico.

Cualquiera podría pensar que yo tenía 5 años cuando entré al movimiento. Pero no. Llegué más o menos a los 11 años, directamente a la rama de Intermedias.

Es verdad, entre mis compañeros de la secundaria no faltó quien me dijera “ñoña” e hiciera burla de la pasión que me despertaba tener un grupo de cómplices con quienes me reunía los fines de semana para correr, gritar, cantar, enlodarme, reír y hasta llorar, como cuando me conseguí mi Promesa (#porquesentimental).

 

Sin embargo, es tanto lo que las Guía me han enseñado que, aún hoy, con varios años de no asistir cada sábado al parque, presumo mis días de campamento a la primera oportunidad.

Estar en Guías durante mi adolescencia fue una clave positiva en la formación de mi carácter, estoy segura. Con 31 años y viviendo sola en la Ciudad de México, en momentos de incertidumbre recurro a esta parte de la Ley Guía que propone enfrentar las dificultades con entereza y optimismo. Confieso: a veces lo consigo, otras tantas no, pero es reconfortante saber que puedo ir a un sitio seguro donde las dudas se aclaran.

A la distancia, creo que entre lo más importante que aprendí con la Guías fue a relacionarme con mujeres emprendedoras, creativas y fuertes, que al mismo tiempo no se tomaban todo tan en serio. Aprendía a competir: a ganar y a perder. A trabajar por conseguir metas, en patrulla e individualmente, y luego a reconocer los logros con orgullo.

También conseguí ser más independiente. Con las Guías hice mis primeros viajes sin familia: desde acampadas cerca de Guadalajara, en el bosque o en la playa, hasta aquel campamento internacional en Canadá, al que preferí ir en vez de tener fiesta de 15 años, y donde conocí a un montón de niñas provenientes de Egipto, Inglaterra, Filipinas o Japón.

Con Megumi, una chica japonesa, intercambié cartas (sí, de esas que se mandan por correo tradicional) durante un buen tiempo. Poder conectar fácilmente con gente tan distinta, pero con intereses similares, fue el mejor regalo.

Ahora que me dedico a escribir sobre viajes para el suplemento de un periódico, de cierta forma las Guías me acompañan cada vez que hago la maleta. Más allá de la infinidad de trucos para empacar que me enseñaron, su filosofía me recuerda que a donde vaya es parte de mi misión tratar de dejar el lugar mejor de lo que lo encontré:

Hay que estar siempre lista.

Nota del editor: Si bien el lema de las Guías es “Bien Preparadas”, en los años 90’s el lema de la rama de Intermedias era “Siempre listas”, en la actualidad es solamente “Listas”

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