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BIENVENIDAS AL BLOG DE GUÍAS DE MÉXICO

Bblog1Dicen las que saben que si has sido una vez Guía eres Guía por y para siempre.

Yo así lo creo, y sé que lo mejor que le puede suceder a una niña o adolescente es ser Guía.

Lo creo porque fui Guía allá por el período cretácico de la era mesozoica. Allá cuando al llegar de un campamento hacíamos cola frente a un teléfono público en una enorme burbuja de acrílico anaranjado para colocar dentro una moneda de veinte centavos –que era parte de nuestro contenido de bolsillo- y llamar a casa para que vinieran a recogernos. En efecto, los teléfonos celulares no existían sino en los programas de ciencia ficción.

Allá cuando la tienda de campaña de una patrulla pesaba más que todas las tiendas de un distrito de hoy porque eran de una lona gruesa y ahulada, con unos postes enormes y, además, no tenían piso: había que poner mangas de hule y plásticos en el suelo para aislar la humedad de la tierra y colocar en las orillas mochilas y guitarras para taparle la entrada al viento helado de la noche.

Nada de “iglús” que se arman casi solos: nosotras pasábamos largo rato montando el campamento y tenía que ser entre varias para que unas sostuvieran los postes, otras la lona, y otra fuera clavando estacas y tensando piolas. Alguna noche que me tocó dormir en la orilla me rodé dormida en aquel sleeping bag tipo momia egipcia en el que no sé cómo cabía para abrir los ojos y ver estrellas en lugar de techo y regresarme rodando y temblando a la tienda.

Cuando no había baños en los sitios de acampado y llevábamos pala, mantas y cal, para cavar nuestra propia letrina. De allá cuando a pesar de todo esto y más, que visto desde hoy suena a carencias prehistóricas, éramos las primeras en anotarnos al siguiente campamento. Regresaba siempre llena de raspones, uno que otro piquete de mosco u hormiga, ronca si no afónica por cantar desde que salía el camión hasta que regresaba y no me dejaban faltar el lunes al colegio. Tres o cuatro días jugando, gritando, cantando bajo el sol o bajo la lluvia; con los zapatos empanizados de tierra o pesados de agua, con el pelo enredado y la cara chorreada, el uniforme sucio, pero con el alma feliz, la sonrisa radiante, la energía renovada y el corazón desbordado. Dos o tres noches conversando, arreglando el mundo con las otras, consolando a la triste y acompañando a la feliz, contando chistes, practicando la canción para el concurso y sembrando con la convivencia sin saberlo esa amistad que duraría toda la vida, cultivando una unión que nos haría inseparables a pesar del tiempo y de la distancia.

El ser Guía enriquecía y embellecía mi vida, la hacía más divertida, más alegre y plena no sólo por las actividades y la diversión, que son deliciosas; ni solamente por el aprendizaje, que era mucho; no tanto por hacer tantas cosas sino por el cómo se hacen: con Espíritu Guía.

Y tres diluvios después me invitan a participar en este Blog, el Blog de todas las Guías, y me doy cuenta de que ese decir “todas” nos engloba por medio de ese Espíritu Guía. Y descubro que muchas cosas han cambiado –el uniforme, los adelantos, los horarios, los locales de junta- pero el Espíritu Guía sigue ahí, vivísimo, fuerte como la roca que nos apoya y grande como el sentir que nos une. Sigue siendo aquello que nos hace sentir siempre bienvenidas.

Así, en el enorme marco de este Espíritu Guía, queremos que todas participen de este Blog. Que comenten, que lo compartan en sus redes sociales, que envíen colaboraciones, que en pocas palabras lo hagan suyo porque es suyo. Que lo enriquezcan con su sentir, con sus experiencias. Que nos cuenten de sus aventuras, de sus problemas y logros, de sus fracasos y de cómo se levantaron de ellos. Que se exprese en la voz de todas, para que descubramos, una vez más, que todas somos una sola voz.

Bienvenidas.

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Comentarios   

0 #1 Super User 13-09-2016 16:12
probando probando, sistema de comentarios!!
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